Ingresar a RIMA

Regístrese

  • Por favor ingrese su Código Llave

 


Actualmente sigue sin existir un algoritmo claro para el diagnóstico de esta enfermedad y pocas pruebas disponibles para su diagnóstico.

El diagnóstico del asma infantil no es sencillo ya que, por el momento, no existe una única prueba fiable para su evaluación. Los síntomas como la tos, las sibilancias o la disnea no son específicos para esta enfermedad y no es fácil interpretar las pruebas debido a la variabilidad temporal y a la heterogeneidad fenotípica del asma.

Así pues, a la hora de realizar un diagnóstico, diversas guías sugieren que se considere un patrón característico de síntomas respiratorios, que se realice un examen clínico, que se evalúe si existe una obstrucción reversible de la vía aérea mediante la espirometría y que se valore si hay una inflamación de la vía aérea mediante la medición de la fracción exhalada de óxido nítrico (FeNO). Asimismo, recomiendan realizar pruebas de alergia y medir la hiperreactividad bronquial mediante pruebas de provocación directa e indirecta.

Sin embargo, actualmente sigue sin existir un algoritmo claro para el diagnóstico de esta enfermedad, y hay muy pocos estudios que hayan evaluado con precisión las pruebas disponibles para su diagnosis. Por ello, el objetivo de este estudio consistió en evaluar los síntomas respiratorios y las pruebas que son necesarias para diagnosticar el asma infantil de forma correcta.

Para ello, se analizó una muestra de 111 niños con edades comprendidas entre los 6 y los 16 años con antecedentes de sibilancias, disnea o tos. Según el artículo Diagnosis of asthma in children: the contribution of a detailed history and test results. (Eur Respir J 2019; vol. 54: 1901326).

Se evaluaron los síntomas mediante un cuestionario rellenado por los padres, que incluía las preguntas clave del estudio internacional de asma y alergia en la infancia (ISAAC) para los síntomas de las vías respiratorias inferiores y preguntas más detalladas sobre las sibilancias y la tos. La evaluación clínica incluyó pruebas de punción cutánea, medición del FeNO, espirometría, medida de la reversibilidad del broncodilatador y pruebas de provocación bronquial (BPT) por ejercicio, metacolina y manitol.

Antes de su derivación a la unidad respiratoria, un 47 % de los pacientes sufrían sibilancias y tos y un 23 % sibilancias sin tos. El 64 % de los pacientes habían usado medicación inhalada y el 19 % corticoesteroides inhalados. 

De acuerdo con los resultados de este estudio, el 72 % de los participantes fueron diagnosticados con asma y el resto con tos no relacionada con el asma y con una obstrucción laríngea inducible y respiración disfuncional. Ninguno de ellos padecía una enfermedad pulmonar grave como la fibrosis quística.

Este estudio ha sido el primero en evaluar de forma sistemática la utilidad de tener en cuenta los síntomas y los resultados de un abanico de pruebas en el diagnóstico de asma infantil. Los resultados mostraron que los síntomas con mayor capacidad para el diagnóstico fueron las sibilancias frecuentes, el hecho de despertarse debido a las sibilancias y las sibilancias desencadenadas por polen o mascotas; y que las pruebas más útiles fueron la medición de FeNO, BPT por metacolina y BPT por ejercicio.

Algoritmos actuales y futuros

El instituto nacional de salud y cuidados de excelencia (NICE, por sus siglas en inglés) en el Reino Unido ha propuesto un algoritmo para el diagnóstico del asma infantil que ha sido bastante cuestionado, ya que, por ejemplo, si se hubiera aplicado este algoritmo a la población analizada en este estudio, solo cuatro de los 111 niños habrían sido diagnosticados con asma en la primera visita y 106 niños habrían necesitado al menos 2 semanas de monitoreo del flujo espiratorio máximo y una segunda visita para ser diagnosticados. Por ello, es necesario basar los algoritmos de diagnóstico del asma infantil en estudios clínicos realizados en niños en lugar de en adultos.

Los resultados de este estudio son de gran interés, ya que la población analizada es una muestra representativa de la práctica clínica diaria, en contraste con la de otros estudios publicados que incluyen a pacientes con asma moderado o severo y los comparan con pacientes sanos, excluyendo a aquellos con grados poco claros de reactividad de las vías respiratorias y que la mayor parte de las pruebas que propone están disponibles en la rutina clínica.

Los hallazgos de este estudio deberían replicarse en otras poblaciones de pacientes, ya que ayudarán a proponer un algoritmo de diagnóstico pediátrico basado en la evidencia y que incluya información sobre los síntomas y los resultados de pruebas objetivas. De este modo se reducirán los costes tanto económicos, como de tiempo de los ensayos clínicos que se realizan para analizar el tratamiento del asma, así como la posibilidad de que alguno de ellos pueda conducir a diagnósticos erróneos y tratamientos excesivos.

El asma pediátrica leve es una enfermedad con actividad muy variable y manifestación clínica paroxística. Parece poco probable que cualquier prueba realizada en un momento específico sea lo suficientemente precisa como para probar o excluir esta enfermedad. Es por ello, que los estudios futuros deberían realizarse sobre una muestra más amplia, para permitir analizar el valor de la combinación de varias pruebas, y centrarse principalmente en los niños que acuden por primera vez a las clínicas respiratorias para la evaluación de un posible diagnóstico de asma.

Los resultados de este estudio sugieren que, hasta que haya más evidencia disponible, el diagnóstico del asma infantil debe basarse principalmente en la gravedad de las sibilancias y en los resultados de FeNO y, si es posible, en los resultados de BPT por metacolina y por ejercicio.