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Estudio de cohorte, contemporáneo, de pacientes con diabetes mellitus tipo 2.
El manejo de los factores de riesgo en mujeres con diabetes mellitus tipo 2 es de menor intensidad que en hombres.
A diferencia de estudios previos, el riesgo cardiovascular es similar en mujeres y hombres con diabetes mellitus tipo 2.


La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en las personas con diabetes mellitus tipo 2 (DM2). Cuatro meta-análisis de estudios observacionales publicados previamente indican que las mujeres que desarrollan DM2 tienen un exceso de riesgo de hasta un 50% de sufrir eventos fatales de enfermedad cardiovascular aterosclerótica. Mucho se ha debatido respecto de las causas de este exceso de riesgo y se cree que puede deberse a que las mujeres reciben cuidados médicos de menor intensidad, por ejemplo, en el control de sus factores de riesgo. Sin embargo, los estudios que abordaron este tópico se han realizado entre 1960 y 2005 y podrían no reflejar el impacto de las nuevas guías y pautas de manejo de los sujetos con DM2.

Es por ello que investigadores del Centro de Farmacoepidemiología y Seguridad de Drogas de la Universidad de Manchester publicaron el “Cardiovascular Risk and Risk Factor Management in Type 2 Diabetes: A Population-Based Cohort Study Assessing Sex Disparities” (Circulation. 2019;139(24):2742-2753).

Desarrollaron un estudio de cohorte retrospectivo (entre 2006 y 2013) de base poblacional utilizando tres bases de datos relacionadas: la UK Clinical Practice Research Datalink (que registra la información de atención ambulatoria de de una muestra representativa del 6.9 % de los pacientes del Reino Unido), la base de Hospital Episode Statistics (que contiene información de eventos hospitalarios) y la Office of National Statistics (que reporta datos de mortalidad).

Los investigadores desarrollaron el estudio en 3 fases. En la fase 1 identificaron los nuevos casos de DM2 (casos incidentes) y los emparejaron (en una proporción 1:5) con controles sin DM2. Se incluyeron 79985 casos (44.3% mujeres) y 386547 controles (44.8% mujeres). Las mujeres con DM2 eran 2 a 3 años mayores, más frecuentemente obesas, con hipercolesterolemia y enfermedad renal crónica, comparadas con los hombres. Éstos era más frecuentemente fumadores, con peor control glucémico, hipertensión arterial y complicaciones macro y microvasculares relacionadas con la DM2. Tanto en hombres como en mujeres con DM2, el perfil de riesgo CV al momento del diagnóstico era peor que en aquellos sujetos con enfermedad cardiovascular.

En la fase 2 del estudio, evaluaron la incidencia de eventos cardiovasculares mayores (MACE, por sus siglas en inglés) en ambos grupos de sujetos, excluyendo pacientes con eventos cardiovasculares previos. Se detectaron, en los pacientes con DM2 12.3% de MACE (11.6% en mujeres y 12.8% en hombres) y, en sujetos sin DM2 7.8% de MACE (7.4% en mujeres y 8.1% en hombres). El riesgo estimado (hazard ratio), ajustado, de sufrir un MACE asociado a la DM2 fue 1.23 (IC95% 1.16-1.32) para las mujeres y de1.17 (1.11-1.23) para los hombres. Por lo tanto, no se observó un exceso de riesgo relativo (relative risk ratio) en mujeres: 1.05 [IC95% 0.97-1.14]).

Finalmente, en la fase 3, se analizó el uso de medidas de prevención y tratamiento en todos los sujetos con DM2. El manejo clínico fue diferente entre hombres y mujeres. Comparadas con los hombres, las mujeres tenían mejor control glucémico, eran más frecuentemente obesas, tenían más proporción de hipertensión con daño de órgano blanco e hipercolesterolemia. Sin embargo, recibieron menos prescripciones con estatinas (en el caso de la hipercolesterolemia), inhibidores de la enzima de conversión de angiotensina (frente a la presencia de proteinuria, pese a haber hecho más contactos con el sistema de salud. No se observaron diferencias en la intensificación del tratamiento para la DM2.

En conclusión, este estudio contemporáneo de pacientes con DM2 sugiere que las diferencias basadas en el género de los cuidados brindados en el manejo de los factores de riesgo requieren de una mayor adherencia a las guías de práctica clínica para evitar subestimar el riesgo de las mujeres. El grupo más vulnerable es, tal vez, el de las mujeres con múltiples factores de riesgo que reciben cuidados subóptimos.